En Barcelona existe un grave problema relacionado con las plazas de aparcamiento para personas con movilidad reducida (PMR). Hace unos años, con la renovación urbanística de la ciudad y la implantación de carriles bici, surgió una situación que, sorprendentemente, parece no haberse previsto en la planificación inicial.
Muchas de estas plazas han quedado ubicadas en medio de la calzada, sin conexión directa con la acera. Esto obliga a las personas con movilidad reducida a descender del vehículo directamente sobre la vía de circulación o, en el mejor de los casos, sobre el carril bici. En ningún caso se garantiza una salida segura hacia la acera, ni la proximidad a un bordillo accesible que permita incorporarse con facilidad.
A esta problemática se suma otra realidad evidente: las aceras suelen estar ocupadas por motocicletas, lo que dificulta aún más el tránsito. Como consecuencia, una persona usuaria de silla de ruedas se ve obligada a desplazarse por el carril bici, con el riesgo que ello implica, hasta encontrar un paso de peatones donde poder acceder finalmente a la acera.
Se trata de un problema extendido en buena parte de la ciudad. Resulta difícil entender cómo una situación así pudo aprobarse en su momento, y quién validó estas intervenciones desde el punto de vista de la accesibilidad.
El resultado es claro: a día de hoy, aparcar en una plaza PMR en Barcelona puede suponer poner en riesgo a la persona a la que, precisamente, debería proteger.

Ejemplo visual de el problema. Imágenes reales.
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